La artroplastia de cadera, también conocida como reemplazo total de cadera, es un procedimiento quirúrgico mediante el cual se sustituye una articulación de la cadera que ha sido deteriorada, por lo general de manera irreversible, por una prótesis artificial. Esta intervención está dirigida principalmente a pacientes que presentan dolor intenso, rigidez y limitación funcional severa a causa de enfermedades articulares degenerativas o lesiones traumáticas. Las causas más comunes que llevan a una artroplastia incluyen la osteoartrosis primaria, la artritis reumatoide, la necrosis avascular de la cabeza femoral, displasias congénitas o fracturas del cuello femoral en pacientes de edad avanzada.

La articulación de la cadera es una enartrosis (articulación esférica) que conecta el fémur con el hueso ilíaco a través de la cabeza femoral y el acetábulo. Esta estructura soporta gran parte del peso corporal y permite movimientos amplios, como caminar, correr o agacharse. Cuando las superficies articulares —cubiertas por cartílago hialino— se ven dañadas, el movimiento se vuelve doloroso y limitado. Cuando los tratamientos conservadores, como medicamentos antiinflamatorios, fisioterapia, cambios en el estilo de vida o infiltraciones intraarticulares, dejan de ofrecer resultados satisfactorios, se considera la opción quirúrgica del reemplazo articular.

Durante el procedimiento quirúrgico, que puede durar entre 1 y 2 horas, se realiza una incisión en la región de la cadera para acceder a la articulación dañada. El cirujano procede a retirar la cabeza femoral y el cartílago dañado del acetábulo. Posteriormente, se implantan los componentes protésicos: una copa acetabular que reemplaza la cavidad de la pelvis y un vástago femoral con una cabeza esférica que sustituye a la cabeza del fémur. Los materiales más utilizados en las prótesis son metales (como titanio o cobalto-cromo), cerámica y polietileno de alta densidad, dependiendo del tipo de fricción deseada y de las características del paciente.