La infiltración articular es un procedimiento médico mínimamente invasivo que consiste en la administración directa de medicamentos en el interior de una articulación. Este método se utiliza para reducir el dolor, la inflamación y mejorar la función articular en diversas patologías, especialmente en casos de artritis, lesiones inflamatorias o degenerativas. Al aplicar el medicamento directamente en la articulación afectada, se consigue un efecto local más rápido y eficaz, minimizando los efectos secundarios sistémicos.
Infiltración de rodilla (viscosuplementación con ácido hialurónico)
La infiltración de rodilla con ácido hialurónico, también conocida como viscosuplementación, consiste en la inyección de una sustancia similar al líquido sinovial natural, que actúa lubricando y amortiguando la articulación. Esto ayuda a reducir el dolor y mejorar la movilidad en pacientes con artrosis o desgaste del cartílago. El ácido hialurónico (o hialuronato) contribuye a restaurar las propiedades viscoelásticas del líquido sinovial, mejorando la función articular y retrasando el deterioro.
Infiltración de hombro
Este procedimiento se utiliza para tratar diversas afecciones del hombro, como bursitis, tendinitis o artritis. Se inyectan medicamentos antiinflamatorios o anestésicos directamente en la articulación glenohumeral o en estructuras periarticulares para disminuir el dolor y la inflamación, facilitando la recuperación funcional y permitiendo una mejor respuesta a la rehabilitación.
Infiltración de talón (fascitis plantar)
La infiltración en el talón se emplea para tratar la fascitis plantar, una inflamación del tejido fibroso que conecta el talón con los dedos del pie. La inyección, generalmente con corticosteroides, ayuda a reducir la inflamación y el dolor intenso en la zona plantar del talón, mejorando la capacidad para caminar y realizar actividades diarias. Este tratamiento suele indicarse cuando las terapias conservadoras no han sido suficientes.