La artroscopía de hombro es un procedimiento quirúrgico mínimamente invasivo que permite visualizar y tratar diversas patologías dentro de la articulación del hombro. Utiliza un artroscopio, un instrumento delgado con una pequeña cámara en el extremo, que se introduce a través de pequeñas incisiones (llamadas portales) para proyectar imágenes del interior de la articulación en un monitor. Este abordaje permite al cirujano trabajar con precisión en estructuras delicadas como tendones, ligamentos, cartílago y la cápsula articular, sin necesidad de realizar incisiones grandes, como ocurre en la cirugía abierta tradicional.

La artroscopía de hombro se indica comúnmente en casos de lesiones del manguito rotador, inestabilidad glenohumeral (luxaciones recurrentes), tendinitis o rotura del tendón del bíceps, pinzamiento subacromial, bursitis crónica, lesiones del labrum (como la lesión tipo SLAP), sinovitis, artritis leve a moderada, cuerpos libres intraarticulares, y otras alteraciones mecánicas que afectan la movilidad o generan dolor persistente. También se utiliza con fines diagnósticos cuando los estudios de imagen como la resonancia magnética no son concluyentes.

Durante la intervención, el paciente se coloca generalmente en una de dos posiciones: en decúbito lateral o en posición de silla de playa, dependiendo de la preferencia del cirujano y del tipo de lesión a tratar. Se administran anestesia general o regional (bloqueo interescalénico), y una vez desinfectada la zona, se realizan entre dos y cuatro pequeñas incisiones alrededor del hombro. A través de una de ellas se introduce el artroscopio, y por las otras se colocan los instrumentos quirúrgicos necesarios para realizar el procedimiento.